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Monday, November 25, 2013

Ser inmigrante




Vivir una experiencia diferente. Salir de la rutina. Aprender a patinar, a pintar, a ejercitarte, a reciclar. Conocer más personas de las que imaginaste. Comparar y pensar en lo que dejaste atrás. Tener momentos de completa seguridad sobre los sueños realizados y otros de duda y reflexión que te siguen persiguiendo. Sentir que es un logro poder comunicarte cada día. Aterrarse por no tener un celular. Volver a recordar momentos de un pasado que habías olvidado. Pensar en ese lejano edificio, en esa montaña azul que veías todos los días o en como la simple brisa era diferente. Saber que en la calle no encontrarás nada tan familiar hasta que la rutina te haga adaptarte.

Sentir que no perteneces ni aquí ni allá y que la tierra fue creada por Dios para todos, pero que los seres humanos se inventaron las barreras, los patriotismos y la necesidad profunda de atarse a una bandera para quizás sentirse identificados o para seguir llevando a cuestas la historia y cultura de algo que no sé si somos. Antes pensaba que era de un país, ahora no soy nada de eso. Soy del mundo y nada más.


*Foto: En algún lugar de Montreal.



Tuesday, August 13, 2013

Aquí y allá






Hace cuatro meses estuve en Londres. Hace cinco visité pueblos en Ontario. Hace seis meses estuve en Ottawa. En el verano pasado fui a Quebec City, estuve en Plattsburgh, USA y crucé la frontera desde Canadá y viajé también a Colombia. Este verano estuve otra vez en Estados Unidos, pero en la no muy popular ciudad de Detroit.

Todavía estoy pensado en cada paisaje tan distinto de cada lugar. Como no olvidar el majestuoso hotel The Château Frontenac y la Citadelle en Quebec City, todo huele a historia allí, una historia que te permite entender un poco más acerca de la lucha por preservar el francés en la provincia quebecoise. Ottawa impacta no solo por las edificaciones del Parlamento y la grandiosa vista del Canal Rideau, sino también por la calma de sus habitantes y el ambiente bohemio que se puede encontrar al mismo tiempo. No olvido el restaurante al que fuimos que aunque no es típico de la gastronomía canadiense (era mexicano, se llamaba Corazón de Maíz) fue ideal, pues tomarse una sopa caliente después de caminar una hora bajo menos seis grados es lo más reconfortante que existe.

De Ontario recuerdo la amabilidad de la gente en Oakville, Burlington y Milton y que todos los pueblos tienen un Downtown con esencia que los hace querer volver a visitarlos. La gente es más afanada en Mississauga por ser una ciudad grande, pero su atmosfera de modernidad y progreso te envuelven fácilmente. En Markham vi demasiado movimiento. Stouffville demasiado tranquilo.

También está Plattsburgh en Estados Unidos, una pequeña ciudad que es famosa en Quebec por sus playas, centros comerciales y porque queda solo a 45 minutos de Montreal. Lo demorado es la fila de carros para cruzar la frontera. Esa vez estuvimos tres horas recorriendo 5 kilómetros para poder llegar, así que tuvimos poco tiempo, pero alcanzamos a disfrutar el último fin de semana en que abrirían las playas e hicimos algunas compras aprovechando las buenas promociones que siempre se pueden encontrar en USA.

Y por supuesto Londres. Una ciudad completa, con todo para hacer y todo para conocer, pero prefiero escribir sobre ella en un próximo post, antes de extenderme demasiado; de lo contrario no terminaría esta entrada que me ha costado escribirla luego de varios meses sin poder actualizar mi blog.

Tuesday, April 16, 2013

Mi lugar en el mundo, por el momento




Estábamos buscando un lugar para quedarnos. Teníamos que escoger en pocos días el nuevo sitio donde viviríamos. Viajamos por varios pueblos de Canadá: Burlington, Mississauga, Oakville...todos alrededor de Toronto. Todos nos cautivaron. Todos tienen su encanto y tienen aunque muchos no lo crean, su esencia. No solo son centros comerciales o edificios modernos que exaltan la prosperidad de estas tierras. También si uno quiere puede buscar ese momento que hace que estar allí sea más especial. A veces me pregunto todavía porque siempre quise vivir en un país así. Quizás me gusta que la gente parece que no husmea a su vecino. Pocos se asoman a las ventanas o andan afuera de sus casas sentados esperando ver la cara de los demás. Sea frialdad o apariencia, no lo sé, pero me gusta.

Al final encontramos lo que será nuestro lugar en el mundo por un tiempo, por el tiempo que Dios lo quiera, pero me dejé llevar por mis señales y encontré una imagen que andaba buscando y que fue la prueba fehaciente de que allí me quedaría.


Wednesday, March 13, 2013

Adiós al invierno feliz







El silencio ha desaparecido. Ya no hay profundidad en él. Su máscara se deshace con cada movimiento del tiempo que lo deja caer. Ahora es ligero y se puede oír. Ha dejado de ser compacto e impenetrable. Ha vuelto a ser como antes, más cálido y cercano. Las gaviotas también han regresado. Esta mañana las oí. Su canto me refresca como el olor a lago. Me recuerda también que en alguna parte de este horizonte hay un mar lejano, esperándome.